Cuando estaba en SiriusXM, conocí a Fara, que era de Haití. En ese momento, ella y yo éramos las dos únicas mujeres en nuestro equipo. Comenzamos a organizar encuentros de “mujeres tecnólogas” durante las horas del almuerzo, para conocer a otras mujeres de la empresa. Lo que comenzó como almuerzos, se convirtió poco a poco en debates apasionados sobre nuestras experiencias en el mundo corporativo de Estados Unidos y la vergonzosa falta de apoyo a las niñas en nuestros países para conseguir la independencia financiera. Nuestra indignación y el deseo de lograr un cambio fueron el origen de SOWCoders. SOWCoders se convirtió en una expresión de lo que habríamos deseado tener de niñas, en Puerto Príncipe y Bharatpur. Queríamos corresponder aportando nuestra contribución. Lo único que sabíamos era cómo codificar.
El éxito de organizaciones como Girls Who Code,, que estaban haciendo tanto en Norteamérica, nos inspiró a iniciar algo similar con un enfoque especial en comunidades desatendidas y en riesgo en economías emergentes. Así que Fara y yo creamos un plan de estudios y comenzamos a viajar. Gasté todos mis días de vacaciones y mis ahorros para viajar a esos países y organizar campamentos de codificación.