Mi historia es bastante diferente a la de mucha gente que trabaja en áreas de CTIM. Crecí en la década de 1990, en la Bielorrusia postsoviética. Fue una época difícil, para mi país y también para mi familia. No pudimos permitirnos comprar un ordenador hasta 2006, cuando yo tenía 15 años. De niña, no tenía ninguna conexión con la tecnología y tampoco me interesaba. Me atraían más las actividades "de letras": la lectura, la escritura y los idiomas. Esos intereses me llevaron a ser editora y periodista en una revista informativa independiente.
Cuando tenía 25 años, cerramos la revista y tuve que decidir qué hacer a continuación. Sabía que quería irme de Bielorrusia a Polonia, y también sabía que carecía de las habilidades requeridas para conseguirlo. Después de investigar un poco, me di cuenta de que necesitaba habilidades técnicas para poder trabajar en otro país. Sin embargo, la tecnología me seguía intimidando. Me parecía que había gente que sabía programar y gente en el otro bando, a la que se les daban mejor las letras. Y yo me veía en ese segundo bando.